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Estadísticamente, Brasil en su conjunto es un país con un alto índice de delincuencia, pero ha de tenerse en cuenta que más del 75% de los delitos violentos se concentran en las 'favelas' de las grandes ciudades o en otras zonas marginales o miserables, o tienen su origen en disputas entre traficantes de drogas, ajustes de cuentas entre bandas de criminales profesionales o refriegas policiales contra dichas bandas. Otro elevado porcentaje de crímenes violentos (por celos, disputas, rivalidades familiares, secuestros, ocupación de tierras, etc) tiene lugar en ámbitos totalmente ajenos al universo del visitante extranjero. Para 'la calle', indiscriminadamente, queda solo un pequeño porcentaje, del que los propios brasileños son sus principales víctimas. Fuera de ciudades como Sao Paulo o Rio de Janeiro, raramente los visitantes extranjeros son víctimas de delitos violentos.
En Brasil, por sus enormes dimensiones, hay realidades muy diferentes, y, en lo que se refiere a violencia y criminalidad, la realidad no es la misma en Sao Paulo que, por ejemplo, en un apacible pueblo del litoral nordeste. Tampoco el riesgo de ser víctima de un delito es igual al pasear por Candeias, Piedade o el elegante barrio de Boa Viagem en la ciudad de Recife que al adentrarse en una 'favela' o barrio marginal de dicha ciudad, del mismo modo que no es exactamente igual pasear por la Quinta Avenida de Nueva York que por el Bronx...
Hoy en día vivimos en un mundo globalizado, y la violencia y la delincuencia no son ajenas a esa globalización. A veces, para evitar o minimizar el riesgo de ser víctima del crimen basta adoptar elementales precauciones de validez universal:
Antes de salir de viaje, es conveniente sacar un par de fotocopias de la documentación (pasaporte, DNI, permiso de conducir, billetes de avión, tarjetas de crédito, cheques de viaje, etc.): en caso de robo o extravío será más fácil volverlos a obtener o resolver problemas.
Una vez en el hotel o apartamento, conviene dejar los originales a buen recaudo, preferiblemente en una caja fuerte o, en su defecto, en la recepción del hotel (pidiendo un recibo, a ser posible). Normalmente, en la calle, una simple fotocopia del pasaporte bastará para salir airoso de un posible control policial, aunque lo ideal es que la fotocopia esté autenticada por una comisaría de policía o por un notario local.
Una lista de telefonos y/o direcciones (hotel, consulados, amigos, aerolíneas, taxis, compañía de seguros, agencia de viajes, etc.) puede resultar sumamente útil en caso de robo o extravío de la documentación o cualquier otra emergencia. Conviene llevar una copia encima y dejar otra en el hotel o apartamento.
La forma de vestir debe ser correcta pero sencilla y sin ostentaciones. Cuanto menos se dé la impresión de 'turista', mejor.
Hay que evitar salir a la calle cargado con elegantes carteras de mano o bolsas manifiestamente llenas de máquinas fotográficas, ordenadores portátiles, videocámaras, etc., porque atraen la atención de posibles ladrones. Lo mejor es llevar todos los objetos personales (llaves, dinero, tarjetas de crédito, cigarrillos, etc.) en los bolsillos. Si no se puede prescindir de la bolsa, hay que utilizar una que sea sencilla y que pase desapercibida, incluso una simple bolsa de plástico de un supermercado.
Por supuesto, hay que evitar el uso de relojes llamativos, cadenas o pulseras de oro, lujosas sortijas y otras joyas. Todos esos signos de riqueza constituyen una provocación ambulante, tanto en el 'primer mundo' como en el resto del mundo.
A la hora de tomar fotografías, lo mejor es utilizar una pequeña cámara que quepa en un bolsillo, o incluso una cámara desechable. Se debe evitar el uso de grandes y llamativas cámaras y de bolsos llenos de objetivos y otros accesorios. Si no se puede prescindir de todo ello, lo mejor es explorar primero el terreno en busca de localizaciones y objetivos, y después ir a 'tiro fijo'. De esta forma se evitarán posibles 'tirones'.
Antes de tomar fotografías de personas hay que pedirles permiso, y así se evitarán posibles susceptibilidades y problemas.
A la playa conviene llevar solo lo rigurosamente imprescindible (bermudas, camiseta, toalla, sandalias, crema protectora, gafas y algo de dinero suelto para bebidas o 'picoteo'). Antes de meterse en el mar es conveniente asegurarse de que algún acompañante le 'echará un ojo' a los objetos personales. Si no hay acompañante, se puede encomendar la vigilancia a un vecino de playa.
A la hora de cambiar dinero, hay que hacerlo en un banco, en una oficina de cambio autorizada o en el hotel. Jamás se debe cambiar el dinero en la calle, aunque la tasa de cambio ofrecida parezca muy ventajosa. Si se cambia una cantidad más o menos importante, conviene colocar la mayor parte del dinero en un bolsillo interior o en cualquier otro lugar dificilmente accesible, dejando solo algo de dinero 'suelto' en un bolsillo del pantalón, falda o camisa. Antes de abandonar el local en donde se cambió el dinero, conviene echar un vistazo a la calle y observar si en las proximidades hay personas o movimientos 'sospechosos'. Lo ideal es abandonar el local en taxi o en el coche de algún amigo y seguidamente dejar el grueso del dinero en la caja fuerte del hotel o en un lugar seguro del apartamento.
A la hora de pagar, hay que evitar el uso de billetes grandes, y hay que sacar discretamente el dinero del bolsillo, nunca en grandes fajos.
Es muy conveniente no colocar el dinero y los documentos (o las fotocopias) en el mismo bolsillo. Asimismo, es muy conveniente guardar el grueso del dinero en un bolsillo y el dinero 'suelto' en otro. En caso de robo o atraco, es posible que el ladrón en su apresuramiento se contente solo con unas monedas y algunos billetes pequeños.
Hay que evitar adentrarse en favelas, zonas marginales o miserables (¿se atrevería usted a adentrarse solo en en Bronx neoyorquino o en algunos barrios de Madrid o de otras grandes ciudades europeas?), lugares apartados en la periferia de grandes ciudades, callejones oscuros, jardines aislados en el centro de algunas ciudades, etc. En Brasil raramente se comenten atracos en lugares muy concurridos. En cambio, hay que tener cuidado en las cercanías o alrededores de esos lugares, especialmente en zonas turísticas. Cuando haya que atravesar o pasar por zonas o barrios sospechosos, lo mejor es hacerlo en taxi, especialmente de noche. Es un gasto que merece la pena.
Especial atención merecen los 'encuentros' con nuevos y repentinos amigos desconocidos o con una hermosa mujer. En los bares y discotecas jamás se deberán aceptar cigarrillos o bebidas ofrecidas por nuevos y simpáticos amigos o amigas, pues podrían contener sustancias narcotizantes o somniferos. Especialmente los hombres deberían desconfiar de señoritas demasiado amables o repentinamente cariñosas o enamoradizas.
Es muy recomendable evitar lugares frecuentados por prostitutas o vendedores ambulantes de drogas al 'menudeo'. En el peor de los casos, hay que procurar ir acompañado y no dejarse llevar a cualquier parte. A la hora de comprar drogas o cierto tipo de 'servicios' hay que saber a quien se 'contrata' y, en todo caso, se debe dejar bien claro el precio con anterioridad. Y, por supuesto, hay que pagar: la negativa al pago puede significar un coste mucho mayor.
Si ocurre lo peor, es decir, en caso de robo o atraco, lo mejor es no discutir ni intentar enfrentarse al ladrón, aunque solo sea un adolescente o su complexión física parezca enclenque, pues es posible que vaya armado o que en las proximidades estén sus compinches. Es preferible entregar al ladrón la cámara fotográfica y un poco de dinero antes que poner en riesgo la vida o la integridad física.
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